Familia y colegio: educar el “ser”

¿Cómo puede un hombre hacer del mundo externo un hogar?

¿Cómo y en qué forma debe luchar, qué debe buscar, cambiar y superar dentro y fuera de sí para encontrar la seguridad, el ambiente de amor, la tranquilidad del alma, el sentido de identidad y honor, que todos los hombres han conectado en sus recuerdos con la idea de familia?.
                                                                         Arthur  Miller.

Es bien sabido que la familia es una institución tan antigua como la especie humana. Su constante transformación resulta de un incesante proceso de evolución. No existe nada fijo, excepto que está siempre en/con nosotros; se acomoda a lo que caracteriza cada período histórico, por lo que cada generación debe aprender cómo vivir en ella. Posee una historia natural propia, un saber, un conocimiento que le es inherente, que nada ni nadie le puede arrebatar. Es un sistema al que se pertenece por derecho propio. Constituye la más importante afiliación activa en que se inserta un individuo en todo su ciclo vital, donde las interacciones devienen dinámicas y cambiantes; siendo considerada uno de los sistemas de apoyo más importantes y efectivos en el mantenimiento del bienestar, la satisfacción y la salud en general.

La familia constituye un espacio de relaciones interpersonales donde el niño puede identificar recursos personales y sociales, donde además encuentra retroalimentación de sus actos y pensamientos y donde se forma una representación social de aquellos que están a su alrededor y con los que establece relaciones sociales activas. Así, en la conformación y desarrollo de su personalidad, existen dos grandes e importantes sistemas que ejercen una marcada influencia. Ellos son la familia y las instituciones educativas. Ambas educan el “SER”.

¿Cómo el Gimnasio Moderno educa el “SER”?

El Gimnasio Moderno fragua su filosofía desde un enfoque Humanista que supone el respeto al hombre y a su integridad, donde toda acción es encaminada a defender una vida digna, feliz, fructífera y en constante desarrollo. Confía en él y en sus potencialidades, específicamente las relacionadas con la bondad, la justicia, el bien y la verdad. Lo entiende como creador y transformador de su propia vida.

Formar un hombre capaz de tener un pensamiento independiente, un papel activo en la sociedad, una riqueza personal basada en el crecimiento de la sensibilidad y de las capacidades y no sólo en la acumulación de conocimientos, son algunas de las metas a las que aspiramos. Pero estas cosas únicamente pueden ser alcanzadas si se encamina el “proceso educativo” en función de lo que se quiere lograr. No es posible aspirar a que una persona adulta tenga criterio propio y lo defienda, sino lo ejercitamos para ello desde niño, si no creamos condiciones suficientemente abiertas para que estos criterios sean formados y enriquecidos; para que sean dichos a padres y educadores con la confianza de que van a ser considerados. No es posible esperar que una persona asuma con responsabilidad su vida y su trabajo si no se le enseña a ello, permitiendo que asuma las posiciones propias y tome decisiones basadas en éstas. No es posible esperar que un hombre sea honesto y auténtico sino lo formamos en un clima totalmente libre de falsedades.

No es posible pretender que la gente sea humana, solidaria y comprensiva con los demás si no les demostramos, desde niños, nuestra capacidad para comprenderlas a pesar de algunas diferencias, como las propias de cada generación, si como “educadores” no valoramos y premiamos las demostraciones de una alta riqueza humana. Es sorprendente encontrar personas que se maravillan ante un joven íntegro, humano, creativo, sensible, inteligente, valiente e independiente y que, sin embargo, se molestan ante un niño que no cumpla al pie de la letra lo que le ordenamos, que no piense lo que pensamos y que no actúe de acuerdo a lo que le programamos para nuestra comodidad.

Por todo esto es más importante y necesario asumir la posición de facilitadores, de estimuladores y propiciadores del aprendizaje, que de transmisores de conocimientos. Nuestro objetivo debe ser que el desarrollo de los procesos de aprendizaje y socio afectivos sea óptimo. No será necesaria una dicotomía familia – colegio. Ambos agentes educativos podrán trabajar armoniosamente para alcanzar esta meta. Sigamos apostándole al Humanismo; a la educación y al fortalecimiento del “SER”. Demostremos que es más fructífero afianzar lo positivo del ser humano; que es en últimas lo que lo hace más auténtico, más libre y más pleno.

Lourdes Rodríguez
Psicóloga Segunda Sección Gimnasio Moderno
LourdesRodriguez@GimnasioModerno.edu.co

Periódico ConTacto: Notas del Departamento de Psicología